Una persona que practica aikido mejora la calidad de su vida en todos los sentidos. Con la constante práctica se van entendiendo y asimilando los principios de sus técnicas, basadas en movimientos centrados y circulares, mismos que están de acuerdo a las leyes del Universo.
El cuerpo se vuelve más flexible y coordinado, los movimientos se hacen infinitamente sutiles y a la vez, sorprendentemente poderosos y espontáneos. Así también, al aprender a tranquilizar la mente, los pensamientos e ideas se vuelven más puros y claros y como algo indispensable para el desarrollo del ser humano, se aprende a vivir en armonía consigo mismo y con los semejantes.
En pocas palabras quien practica aikido, aprende a vivir utilizando todo su ser (mente, cuerpo y espíritu), de una manera más positiva y sobre todo, mucho más creativa.
